teleoperadora

El teléfono marca mucho las distancias, es raro el teleoperador y mucho más raro el cliente, que se da cuenta de que al otro lado del hilo telefónico hay una persona. Unos creen que tienen delante al enemigo que les va a estropear la jornada, los otros creen tener delante a una máquina que les repite una grabación.

Sin embargo se empeñan en gritar a una grabación. Uno no puede acostumbrarse a esto, será porque no va gritando por la calle a los camareros, taquilleras, en fin, a las personas que le prestan atención habitualmente, para que le parezca raro que otras personas sean capaces de gritarles para atenuar su frustración (estrategia que por otra parte no suele tener mucho éxito).

De los gritos se pasa a los insultos personales, y de ahí a colgar al cliente, salvo que el gestor tenga un gesto de paciencia excesiva y le siga aguantando el rollo. Si no se le cuelga, no es raro que el mismo cliente que insulta, al cabo de unos momentos salga con aquello de: "¿Es que no te puedes poner en mi lugar ni por un momento?"

En fin, lo dicho, que no es fácil darse cuenta de que al otro lado del teléfono hay una persona, pero que debería ser mucho más fácil darse de baja de lo que sea que no gritar o insultar a un desconocido explotado al otro lado del hilo ¿O qué?